8 de marzo. Mujeres, academia y libertad: una conversación con una estudiante iraní

El 8 de marzo no es una fecha simbólica ni una celebración reconfortante. Es un momento que desafía el presente, sobre todo cuando hablamos de derechos, acceso al conocimiento y libertad de pensamiento. En muchas partes del mundo, ser mujer y querer estudiar no es una elección neutral: es una lucha profundamente humana por la dignidad, la autonomía y la seguridad.

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, hablé con Aida, una candidata iraní a doctorado matriculada en una universidad Arqus. Aida, como tantos otros jóvenes iraníes, tuvo que dejar atrás a su familia y su hogar y mudarse al extranjero para perseguir sus sueños. Ella define su amada patria como «un país de cuatro estaciones, rico en historia, arte y literatura, la civilización más antigua de la tierra, famosa por sus alfombras persas y azafrán». Señala que, a diferencia de muchos otros idiomas, el persa es un idioma sin distinción de género, lo que refleja su cultura de equidad. Irán tiene una larga historia de valoración de los derechos humanos: el Cilindro de Ciro, reconocido como la primera carta de derechos humanos del mundo, fue escrito en la antigua Persia. 

Aída tuvo que abandonar Irán para continuar sus estudios y vivir sin preocuparse por los derechos humanos básicos. Sintió que, a pesar de toda su belleza, el Irán actual no le permitiría desarrollar plenamente su potencial ni recibir el reconocimiento que merecía. Para ella, los derechos de las mujeres no son un concepto ideológico o político, sino algo profundamente humano. Se refieren a la libertad de elegir, hablar, estudiar, moverse libremente y vivir con dignidad. Significan poder caminar por la calle sin miedo, vestirse como uno quiera, reír, cantar y perseguir los sueños libremente: algo que, enfatiza, debería ser posible para todas las mujeres.

Mujeres, educación e historia: un legado extenso y borrado

Aida sitúa las luchas de las mujeres iraníes dentro de una trayectoria histórica mucho más larga. Señala que muchas personas desconocen que las mujeres fuertes y educadas siempre han sido parte de la historia persa. Ya en la antigua Persia, durante el Imperio aqueménida y la era de Ciro el Grande (alrededor del 550 a. C.), las mujeres podían poseer propiedades, administrar propiedades y recibir salarios por su trabajo, derechos que no se reconocían en muchas otras sociedades en ese momento.

Recuerda a figuras como Atossa, hija de Ciro el Grande y esposa de Darío I, que desempeñó un importante papel político y social, así como a la reina Borán en el Imperio sasánida, que gobernó con sabiduría y buscó promover la educación y la estabilidad social. Las mujeres persas, señala, también han sido prominentes como poetas, escritoras y pensadoras, como Rabia Balkhi, la poeta del siglo X.

Este legado no desapareció con la modernidad. Antes de la Revolución Islámica de 1979, las mujeres iraníes tenían un amplio acceso a la educación y a las oportunidades profesionales. Muchas se convirtieron en médicas, abogadas, juezas, profesoras y participantes activas en la vida cultural. Contribuyeron al arte, el teatro, la literatura y ayudaron a dar forma a la sociedad iraní moderna. La historia muestra claramente que la educación, el talento y el liderazgo de las mujeres están profundamente arraigados en la cultura persa.

Restricciones contemporáneas y opciones forzosas

En este contexto histórico, la situación actual parece profundamente irónica. Hoy en día, las mujeres iraníes siguen enfrentando severas restricciones en sus libertades más básicas: opciones sobre qué ropa ponerse, cómo expresarse en público y cómo vivir su vida diaria. Aida destaca las desigualdades legales concretas: una mujer casada no puede viajar al extranjero sin el permiso de su marido; no puede iniciar el divorcio; y según la ley islámica, si una mujer es asesinada, la compensación por su muerte se valora legalmente en la mitad de la de un hombre.

A pesar de estas limitaciones, las mujeres iraníes han seguido encontrando formas de expresarse a través de la educación, el arte, la cultura y la solidaridad. Menciona figuras como Anousheh Ansari, la primera persona iraní en viajar al espacio, y Maryam Mirzakhani, la primera mujer en la historia en ganar la Medalla Fields en matemáticas. Sin embargo, también subraya una dolorosa realidad: estas mujeres, como muchas otras, solo pudieron prosperar fuera de Irán. La emigración a menudo se convierte en el único camino viable para las mujeres que desean desarrollar su potencial.

Irán, explica Aida, tiene muy buenas universidades, y las mujeres representan alrededor del 60% de la población estudiantil. Las mujeres persas tienen un fuerte deseo de educación e invierten un enorme esfuerzo en sus estudios. Sin embargo, el esfuerzo rara vez se ve acompañado de oportunidades o recompensas. Muchos caminos profesionales y artísticos están efectivamente cerrados para las mujeres. Los campos como el canto, el baile, la música, el cine, la actuación, la gimnasia, el ballet e incluso la natación profesional están muy restringidos o son imposibles de perseguir debido a las regulaciones morales y religiosas, incluidos los estrictos códigos de vestimenta. Como resultado, la educación a menudo no se traduce en libertad profesional o autorrealización.

Más allá del victimismo: solidaridad y esperanza

Para Aida, el Día Internacional de la Mujer no trata de victimismo, sino de conexión y solidaridad. Las mujeres persas, insiste, no quieren ser vistas como víctimas pasivas. Quieren ser reconocidas como personas fuertes y capaces que merecen las mismas libertades básicas que las mujeres en cualquier otro lugar.

En este punto, siento la necesidad de añadir una reflexión personal: cuando Aida dice que las mujeres iraníes no quieren ser vistas como víctimas, no pienso en ellas simplemente como resilientes. Pienso en ellas como luchadoras. Lo que están haciendo no es una resistencia simbólica; es una lucha real y encarnada.

Protestar, hablar, estudiar o incluso vivir libremente como mujer en Irán implica riesgos que son casi imposibles de imaginar desde una perspectiva europea. En Irán, las mujeres son asesinadas por resistir. Sus familias están amenazadas, encarceladas o destruidas.

Esto hace que la etiqueta de «víctima» no solo sea insuficiente, sino también engañosa. Las mujeres iraníes actúan con un nivel de valentía que implica una plena conciencia de los peligros a los que se enfrentan. Conocen los riesgos y, sin embargo, continúan. Eso es lo opuesto al victimismo: es una resistencia consciente y valiente.

A pesar de todo, para Aida, la esperanza persiste. Las mujeres iraníes están pagando un precio muy alto, pero su fuerza no se ha borrado. Esa fortaleza perdura en las madres, hermanas, amigas y la próxima generación, y con suerte podría tomarse como ejemplo en otros países. Y cuando las mujeres se apoyan mutuamente a través de las fronteras, cuando las historias se comparten, se escuchan y se toman en serio, es posible un cambio real y el progreso puede continuar. 

Así que sigamos hablando de las mujeres en riesgo, su valentía y sus luchas, hoy, 8 de marzo, y todos los días.


Artículo de Elisa Gamba, Universidad de Padua (miembro de Arqus), candidata a doctorado en derechos humanos, sociedad y gobernanza multinivel.

La autora desea aclarar que este artículo fue escrito el 12 de febrero de 2026. No respalda ni justifica de ninguna manera los recientes bombardeos y actos de violencia llevados a cabo ilegalmente en territorio iraní. El uso de la fuerza no puede servir como un camino legítimo hacia la paz o la estabilidad.