Entrevista al investigador Mario Nicolás López Martínez con motivo del Día de Europa 2026

Con motivo del Día de Europa, que se celebra el 9 de mayo, hemos lanzado una serie de entrevistas con destacados investigadores y expertos en asuntos europeos, a quienes invitamos a reflexionar sobre la situación actual que atraviesa nuestro continente. En un momento marcado por tensiones geopolíticas, incertidumbre social y grandes desafíos globales, estas conversaciones buscan aportar análisis y perspectivas críticas sobre el presente y el futuro de Europa.

En esta entrevista, hablamos con Mario Nicolás López Martínez, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Granada y profesor de Movimientos Sociales Contemporáneos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. Asimismo, es investigador del Instituto de la Paz y los Conflictos de la misma ciudad.

Con formación en historia, su trabajo se centra en la teoría, el pensamiento y la práctica del pacifismo y la noviolencia. Ha trabajado como consultor internacional para Naciones Unidas en cuestiones de posconflicto y reconciliación, y también ha sido asesor de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo en Colombia.

Desde tu posición como catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, ¿por qué dirías que tiene sentido defender la paz y los Derechos Humanos?

Defender la paz y los Derechos humanos tienen mucho sentido porque la Historia contemporánea demuestra que tras una guerra la estela que deja es de generaciones rotas, traumas profundos, memorias heridas y sociedades fracturadas. Hay vencedores y vencidos con consecuencias a largo plazo. Cualquier avance real y significativo de la Humanidad se ha hecho desde la lucha por la paz y la justicia: la abolición de la esclavitud, el sufragio universal, los derechos sociales, la descolonización, los avances feministas. Todas han sido luchas por la dignidad humana donde la paz ha sido más revolucionaria que la guerra. Además, los derechos humanos son un gran avance, porque la humanidad se ha intentado poner de acuerdo sobre qué es ser humano, condenando al racismo, la xenofobia, la exclusión, la marginación, la discriminación. Son unos derechos humanos revolucionarios porque, desde un punto de vista ético-político, ningún poder o interés debe estar por encima de la dignidad humana. Y esa seguirá siendo una lucha permanente.

¿Qué papel consideras que juega el ámbito de la investigación en este trabajo por preservar los Derechos Humanos?

En mi caso, la investigación ha jugado un papel decisivo porque me ha permitido exponer que la violencia y las guerras no son un accidente inevitable de la historia, sino una construcción humana y que, por tanto, puede ser transformada. De hecho me he dedicado a investigar la Historia de la paz, entre las que están las luchas por los derechos humanos, los movimientos por la recuperación de la memoria, los procesos de reconocimiento de las víctimas, el conocimiento de la verdad, los aportes de los movimientos sociales por la paz, etc. Además, me ha permitido viajar a otras sociedades, intervenir en procesos de mediación y negociación, en el asesoramiento de gobiernos en la difusión de la cultura de la paz. Gracias a mi enfoque en el trabajo por los derechos humanos y la paz, he conseguir darle una dimensión útil, efectiva y gratificante a mis conocimientos históricos.

El próximo 9 de mayo se celebra el Día de Europa, ¿qué se te viene a la cabeza cuando piensas en Europa?, ¿qué logros dirías que se han alcanzado en materia de paz en nuestro continente?

Cuando pienso en Europa, pienso en una enorme paradoja histórica: un continente que protagonizó y propició algunas de las guerras más devastadoras de la historia y que, sin embargo, logró construir uno de los proyectos de paz más ambiciosos del mundo contemporáneo. La paradoja es aún mayor cuando he trabajado por conocer todo el trabajo realizado por el pacifismo burgués-liberal, obrero y feminista, internacionalista y humanista, para abolir las guerras, crear sistemas de arbitraje, cooperación entre los pueblos, desmontar los nacionalismos y defender los derechos humanos. Una historia en gran medida desconocida, aunque fascinante. Muchos de los argumentos fuertes contra las guerras actuales ya se usaron en la primera mitad del siglo XIX. O el actual Erasmus universitario ya se discutió en algunos congresos universales de paz del último tercio del siglo XIX. Pero, Europa también nos recuerda que la paz nunca es definitiva: necesita memoria, vigilancia democrática y una defensa constante de los derechos humanos.

Según tu experiencia de trabajo con organismos como la Agencia Española de Cooperación o Naciones Unidas, ¿qué papel crees que tiene Europa en el contexto geopolítico actual? ¿Y qué retos dirías que tiene aún Europa para hacerse valer como un actor con voz propia en este orden internacional?

Europa sigue teniendo un gran potencial como actor geopolítico porque posee capacidad diplomática, experiencia histórica, instituciones multilaterales y una cultura normativa fundamentada en derechos humanos, cooperación y diálogo. Europa es un gigante económico, con un nivel de bienestar material muy alto y sistemas de protección notables, pero es un actor político fragmentado y vacilante. Durante décadas, Europa sigue debatiendo cuál debe ser su papel en acción exterior y frente a conflictos lacerantes en este mundo. Le falta una voz unánime. Le falta expresar una voluntad firme y sólida. Tenemos los recursos pero falta desprenderse de cierto infantilismo y de dependencias externas, haciendo de Europa una casa común y no un territorio marcado por los rescoldos del fuego de la guerra fría. Para ser una auténtica potencia política ha de defender una ofensiva diplomática en defensa de un orden mundial basado en el derecho internacional, estableciendo nuevas alianzas y cerrando viejos conflictos y estereotipos.

Por último, queríamos preguntarte, a nivel personal, ¿cuáles son tus preocupaciones en relación a los acontecimientos geopolíticos de los que estamos siendo testigos? ¿Cómo consigues mantener la esperanza?

Lógicamente, me preocupan muchas cosas: la normalización de la guerra, la negación de los genocidios, el neoliberalismo rampante, los discursos de odio, la deshumanización de los “otros”. Todo esto parecía que era algo del siglo XX pero no del XXI. No se puede banalizar el sufrimiento humano, ni mirar para otro lado ante las lacerantes injusticias. Tampoco me gusta la política del miedo, la carrera de armamentos o las rivalidades hegemónicas producidas por el capitalismo y las nuevas tecnologías. No obstante todo ello mantengo la esperanza. Estudiar profundamente el pasado me dota de una cierta inmunidad. Las conquistas de derechos se pueden perder pero no será una tarea fácil para lo agoreros. La libertad y dignidad humanas forman parte de nuestra rebeldía innata. La esperanza no es ingenuidad, ni certeza en el futuro, sino una forma de resistencia intelectual y moral. Mientras existan personas capaces de defender la dignidad humana frente a la barbarie, la historia no ha dicho su última palabra.

Biografía de Mario Nicolás López Martínez

Mario Nicolás López Martínez es Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Granada y trabaja como Docente de Movimientos Sociales contemporáneos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UGR. Es investigador del Instituto de la Paz y los Conflictos de esa misma universidad. Con una formación de historiador, se ha especializado en el estudio de la teoría, el pensamiento y la acción del pacifismo y la noviolencia. Ha trabajado como consultor internacional de Naciones Unidas en temas de postconflicto armado y reconciliación, y ha sido asesor de la AECID-Colombia.